Burmet.
El reto
Burmet tenía el producto y le faltaba la marca: una hamburguesería de barrio con cocina seria que visualmente no se distinguía de cualquier otra. El encargo era construir una identidad con la misma personalidad que su carta, capaz de funcionar en el local, en el delivery y en redes.
Además, su línea de acompañamientos merecía nombre propio. De ahí nació Crackles: una sub-marca con carácter independiente pero de la misma familia, pensada para crecer por su cuenta.
La solución
Un sistema flexible con dos velocidades: la marca madre, sobria y directa, y Crackles, más gamberra, para hablarle a otro público sin pedir permiso. Tipografía contundente, una paleta que aguanta la grasa y la foto de producto, y un packaging pensado para el momento real: la caja abierta encima de la mesa.
Todo el sistema quedó documentado para que el equipo pudiera producir piezas nuevas sin romperlo.
«Espacio reservado para una frase del cliente sobre el resultado.»Nombre — Burmet, Madrid
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